
martes, 28 de abril de 2009
lunes, 27 de abril de 2009
lila ulula
Lila no soporta los puñetazos del viento a los cristales. Ni el silbido agudo de las noches. Ni los pinchazos de las agujas de frío. Hasta entonces no lo había sentido.
El viento está volviendo loca a Lila. Como a todos. Pero ahora está rota por dentro y el aura escarchada se le cuela mejor entre los huecos.
Lila ulula cada noche. Para asustar al viento. Para matar a la soledad. Para gritar de dolor. Para llorar la pena. Para romper los alaridos del aire. Para que se le termine de romper el alma. Para sentirse fuerte. Lila ulula...
sábado, 11 de abril de 2009
ababol
Sólo cuando le veía a él, se le ponían las mejillas como ababoles(2). Porque él era el único hombre con el que había estado y con el que iba a estar. Y sólo con él se enrojecía igual que la primera noche de casada. Sólo con él trabaja desde el gallo hasta el Venus vespertino. Sólo con él lloraba sobre una tierra seca. Y sólo con él se curaba las heridas de las manos, las que le salían del trabajo y del frío.
Apenas sabía leer, pero sí sabía que de sus hijos vendrían letras. Se hizo fuerte con el trabajo del campo. Se hizo dulce con el chocolate y la miel en la cocina.
Tenía 22 años cuando el esfuerzo del amor hizo que sus ojos decidiesen llorar siempre, estuviese feliz o triste. Desde entonces se le vio la menta de sus ojos entre agua y sal. Siempre.
Días después del nacimiento de ese manantial perpetuo, nació su tercer hijo, mi tío.
Ahora, con muchos años más, con la piel agrietada de tiempo, sigo viéndole ababoles en las mejillas cuando se ríe y lágrimas en los ojos, de mañana y de tarde.
Pero yo… yo sólo quiero ponerle las líneas que ella no pudo aprender.
(1) Esbrinar: (Aragonés) Separar el brin y las lengüetas de la
rosa del azafrán.
(2) Ababol: (Aragonés) Amapola.
viernes, 10 de abril de 2009
lunes, 6 de abril de 2009
se le pone la cara triste cuando duerme
Semana tras semana, se veía desaparecer. Un reflejo nebuloso le saludaba todas las mañanas… Hasta que encontró la solución entre unas tapas blancas. Teñidas de limón, y acolchadas en una delicada capa de polvo, estaban las letras que un día le quisieron hacer soñar. Sus libros de niñez asomaron en una caja de mudanza todavía sin abrir. Parecía un regalo de Reyes en marzo.
Esas páginas se pasaban tan deprisa cómo nunca se había hecho. Saltaba de línea a línea con una avidez casi obscena. Y devoró historias hasta gemir en cada punto y aparte. Hasta llorar de placer en el punto final.
Se rellenó las caderas con cuentos de princesas. El estómago con viejos sueños recordados. Y en el pecho las hadas le moldearon tetas con aventuras prepúberes.
En la cabeza se le quedaron a vivir tildes, comas y puntos suspensivos junto con las ganas insaciables de contar historias. Tecleadas con sus palabras suaves, ya no mudas.
Y en la lengua se le clavó su primer punto y final.
lunes, 30 de marzo de 2009
chico esdrújulo. 1.
Un día él se corrió y sonaron fuegos artificiales. No fue algo metafórico. Literal. Todavía estaba en ella cuando el cielo escupió luces. A los dos se les escaparon sonrisas calientes y temblaron a la vez.
Una noche, ella rompió a llorar al llegar al orgasmo. Desde entonces las lágrimas le nacen cada vez que él le pone los ojos en blanco.
Los dos han decidido lamer sus cuerpos hasta perder el sabor. Quieren acariciarse hasta quedar imantados y hacer de las sábanas su piel.
Y ahora él le ha pedido líneas. Porque se ha puesto celoso de las letras que ella silabea, de las historias que toquetean su mente y de los nombres inventados que ella silba entre dientes. Él le ha pedido que su esencia se dibuje en líneas mal escritas. Que su cariño se escurra en los espacios y se golpee en las tildes. Que le deletree en silencio. Quiere que le moldee con palabras esdrújulas. Música esdrújula crónica libélula página… Y que le salgan sonrisas calientes al recordar el día que el cielo escupió luces. Se oyeron fuegos artificiales.
jueves, 26 de marzo de 2009
coño vinolento
Visto desde fuera había sido un accidente demasiado divertido, pero sentados en esa mesa todo era tan patético que ni siquiera salían las palabras...
Tarde de cine y después una copa de vino improvisada. El reencuentro entre los amigos le había animado. Ya hacía un mes que lo había dejado con el chico de huesos picudos y se zurció las ganas con sonrisas mal maquilladas. Entre las copas se rieron y debatieron un tema y otro. Ella pidió vino blanco. Los demás, crianzas granates. Ellos evitaban cualquier alusión a esa despedida malhecha y ella sabía que leían sus ojos tristones.
Ahí se le cayó el disfraz. Con sus lloros se le quitó el maquillaje y a ellos la vergüenza ajena les sonrojó. El soniquete de sus lamentos camufló la música y los clientes que se habían reído con el espectáculo de la chica descalza se callaron de golpe. Ella no decía nada. Sólo lloraba y lloraba. Echaba sal sobre la herida para ver si cicatrizaba de una vez.
Se subió a un taxi con dinero prestado por sus amigos (los mismos a los que la vergüenza, de unos y otros, no dejó que viese otra vez).
Al llegar a casa, se metió en la cama acunándose con sollozos. Se adormiló entre el aroma a sal del llanto y el afrutado que salía de entre sus piernas.
Ella tenía y tiene mi nombre, mi cara y mis sollozos quebrados. Pero ya me he remendado el alma dolida y machacada por esos huesos picudos en una despedida malhecha.
Era un miércoles de noviembre. Había llovido durante todo el día y las calles de Madrid se habían llenado de una mezcla a humo y humedad pesada, ese batiburrillo al que todavía no termino de acostumbrarme.
miércoles, 25 de marzo de 2009
1
Las desapariciones comenzaron a ser algo habitual. Las visitas de los fantasmas se veían como algo tan normal que todos preparaban una taza más de café para los espectros (con dos cucharadas de azúcar, claro, que la eternidad es demasiado amarga). De las despensas desaparecía comida (conservas y dulces) y los restos aparecían en el cementerio apoyados en lápidas cubiertas con un mantel a cuadros. Por las noches, el cielo roncaba hasta el amanecer…
domingo, 22 de marzo de 2009
decisiones
He decidido mirarte hasta aprenderme los puntos amarillos de tus ojos. Luciérnagas en aguas de algas.
He decidido dejar que tus sílabas se arrastren por mi piel. Dejarme tatuar con tu aliento, acentuar con saliva, puntuar con mordiscos. Escríbeme palabras dulces, guarras. Líneas perversas, sensibleras. Hazme tu novela. Invéntame un nombre. Elige título. Pero todavía no pienses en el final.
He decidido…

martes, 10 de marzo de 2009
un comienzo
Él ya le esperaba en el coche pero Maar bajó con calma los escalones, marcando en las baldosas sus pasos seguros. Metió en el maletero las dos bolsas, el maletín, las maletas, la caja de los sombreros y la nevera de camping. Con ella se llevó un libro que apoyó en sus piernas y los nervios encajados en las entrañas. Sabía que él había fumado, el muy tontaco no había ventilado el coche, pero prefirió callarse y compartir su secreto con el aire viciado. Se abrocharon el cinturón y comenzaron el viaje.
Llegarían en dos horas y treinta y cinco minutos (más los quince minutos que pararían en el área de servicio) pero a Maar ya le parecía sentir el frío de su bosque en los pies. Ella tenía el alma revuelta y él, unas ganas locas de quitarle con caricias briznas de hierba del pelo…

